viernes, 17 de julio de 2009

binarios

Pongamos que la determinación (aquello definible como Logos, Dios, u Orden) es posibilitada por el Caos. De este surgiría, al azar, el Orden. Del Orden, derivaría todo lo pensable.

Lo ordenado (la relación binaria, anti-simétrica y no reflexiva entre los elementos de un conjunto) vendría a ser aquello que genera la armonía entendida en los términos de lo humano y recalcable en cualquier manifestación creativa o artística.
Imitamos lo que nos circunda y lo cosificamos, transformándolo en concepto para narrarlo bajo un prisma lírico; lo “amaestramos”, sin por tanto lograr asimilarlo ni controlarlo.
Necesitamos recordar nuestra condición de efímeros refiriéndonos al ciclo (vital), por ejemplo. De ahí el mito, que es lenguaje, y que posibilita la asimilación de lo que la mente percibe y concibe, pero no abarca.

La obra artística que perdure en el tiempo sería aquella que genere la sensación de universalidad, que se remita dentro de su estructura al origen (nuestro origen) y a la definición, imposible, de la co-existencia que supone el mundo tal y como somos capaces de percibirlo.

La escala de valores con la que vayamos calibrando la obra (la proyección del individuo con respecto al Conjunto y sus caracterísitcas temporales) dependerá de la lírica más absoluta - aquél lenguaje proprio de cada etapa categorizable que tiñe nuestros días.